viernes 27 de enero de 2012

MIL AÑOS Y UN DIA DESPUES

Mil años y un día después vuelven las palabras. Creo que sin orden ni concierto, pero ahí están, dentro de mi cabeza buscando ponerse unas detrás de otras.
Supongo que han pensado que ya era hora de salir. Aburridas de dar vueltas ellas sólas ya tienen ganas de ver mundo.
Pero será como siempre, poco a poco...

lunes 6 de septiembre de 2010

Ganar dinero en internet fácil y seguro

En el mundo de internet hay varias formas de ganar algo de dinero de forma fácil y segura.
Hay páginas que te mandan publicidad a tu correo y te pagan por ello, hay páginas que te pagan por visitar otras páginas, etc.
Quiero comentaros sobre una de las que mas paga: beruby
Se trata de un portal de acceso a páginas web. Yo lo tengo como página de inicio y en un mismo sitio tengo accesos a google, yahoo, ebay, blogs, etc, etc. (hay más de 500...). Pues bien, cuando yo hago click en yahoo por ejemplo y realizo una búsqueda, beruby me paga, añade dinero a mi saldo. Y así con muchas otras páginas. Además si hago una compra en una de los cientos de páginas que tiene en su directorio también me paga (en un billete de avión me han llegado a pagar más del 5%).
Y tiene otra gradísima ventaja que es la de que puedes invitar a quienn quieras para que se una a beruby y si lo hace a través de tu enlace, tú ganarás más dinero ya que te llevas un porcentaje de lo que ganen tus referidos.
No dejéis de apuntaros a beruby. Yo si alguien me lo pide le doy las pruebas de pago que quiera.
Para apuntaros a beruby hacedlo aquí.: BeRuby

miércoles 31 de marzo de 2010

Retratos

Se sentaba a fotografiar cómo los pasos cliqueaban el suelo.

Escogía un banco cualquiera de una calle cualquiera y preparaba la cámara. Enfocaba enfrente, a la acera, y apretaba el disparador cuando alguien se cruzaba. Sólo retrataba la parte inferior de las piernas de los peatones. Día tras día. Recogía esos pasos perdidos que luego albuneaba.

Muchos volvían, otros corrían, algunos vagueaban...

Nunca miraba más arriba de la rodilla.

Un día unos pasos se pararon enfrente. Esos zapatos apuntanban directamente a la cámara. Buena foto, pensó. Y rompiendo sus nomas levantó la mirada. Vió una cámara que le hacía una foto.

Una foto que iría a un albun de fotos de gente sentada en los bancos de una calle cualquera de una ciudad cualquiera...

viernes 26 de marzo de 2010

Infierno

Cuando apagué el cigarrillo me dí cuenta. Yo no fumaba. Y ese cenicero estaba lleno. Hace más de siente años que no fumaba. Me dí cuenta de todo al apagar ese cigarrillo.
Arriba estaban bailando y me acerqué. -Hola- nada, no hablaban, sólo bailaban. Ah! no me preguntes la música que sonaba porque no me acuerdo, es más creo que no sonaba ninguna música, pero ellos bailaban.
Salí fuera. Hacía frío. Pero si era verano! ¿Cómo va a hacer este frío?. Caminé rápido por la acera.
En el escaparate había ropa. Ropa de deporte, camisetas y demás. Y entonces algo se reflejó en el cristal de ese escaparate. Y me giré, me dí la vuelta. Ahora quería fumar, pero no tenía tabaco, es más no tenía ropa, estaba desnudo. Enfrente de mí, al otro lado de la calle un coche humeaba parado y abollado. Y allí, en medio de un rojo intenso estaba yo. Con la cabeza chafada.

martes 16 de marzo de 2010

Muerte de Mishima

Cuando Mishima volvió a la habitación lo hizo con gesto serio, contrariado.
Afuera le abucheaban.
- No han entendido nada, dijo.
Lo siguiente transcurrió deprisa, muy deprisa.
El primer ministro estaba atado en una silla. Y lo vió todo.
Vió como Mishima se desabrochó la chaqueta militar. Cómo se puso de rodillas. Cómo miró a su alumno elegido como pidiendole que no fallara. También vió horrorizado como Mishima se clavaba la daga diez cm a la izquierda del ombligo. Y vió como Mishima empujaba con firmeza y fuerza la daga longitudinalmente. Y vió cómo las tripas caían delante de él. Y vió como su cuerpo se inclinó hacia delante. Y cómo el alumno elegido blandió la espada en alto y descargó un brutal golpe. Pero falló, sólo le dio en el hombro produciéndole un corte terrible. Fue entonces cuando el primer ministro vió como otro alumno tomó la espada y de un golpe certero esta vez sí cortó la cabeza del agonizante Mishima.
Imagináos qué pasaría por la cabeza del pobre hombre atado a la silla.
Lo desataron y no paró de gritar que aquello era una locura, que todos estaban locos...
¿Y Mishima, estaba loco?
Claro que no. Pero se equivocó. El mejor escritor japones de la historia moderna (Oé y Kawabata están lejos de la maestria de Mishima) se equivocó. No fue un acto heroíco, de honor. No, fue una rabieta, un querer demostrar algo que no había lugar. En muchas de sus novelas preveía este final, pero no así. No de una manera tan poco noble.
Pero lo hizo. Practicó el ancestral rito del sepuku. Como sus antepasados.
De estos acontecimientos han pasado muchos años. Y uno al volver a leer algo de Yukio Mishima no puede sino torcer el gesto al pensar que el Maestro se equivocó.

No dejéis de leer la entrada en la wikipedia.
Y si algún día cae en vuestras manos el ensayo de Vallejo Nájera no lo dudéis: leedlo!!

lunes 15 de marzo de 2010

La pelota

La pelota golpeó el suelo y subió. En un instante pareció flotar, pero volvió a bajar. Ésta vez volvió a subir, pero con menos fuerza y volvió a flotar y volvió a bajar. Al cabo de unos cuantos botes más, la pelota ya no subió. Ni flotó. Ni bajó.
-Bah! Sólo es una pelota!
Tú que sabras! No tienes alma. Si sólo saber ver una pelota es que no estás ni mediovivo.
Es tu problema.
Allá tú.

viernes 13 de febrero de 2009

La luna de día

A las ocho y media de la mañana, siempre es a esa hora, me asomo a la ventana y veo a la luna. el sol ya empieza a despertar, pero allì todavía se mantiene orgullosa la luna de día. Me da la impresión de que está ahí por algo, tal vez para comenzar el día con un buen deseo, o para alargar los buenos sueños de la noche.
Después corro la cortina y me voy a preparar un café. Solo, sin azúcar. Nunca entenderé la gente que infecta el café de azúcar. Muy caliente. A sorbos. Como si no quisiera que se acabase.
Más tarde salgo de casa.
Cabeza alta. Mirada al frente. Y sonrisa.
Todos los días me cruzo con Fermín. Y todos los días nos saludamos de la misma manera: guiñándonos el ojo derecho.
El coche cada día lo tengo en un sitio diferente. Hoy está cerca, en la primera calle a la izquierda.
Antes de poner en marcha el motor, pongo la radio. Música de los ochenta. No muy alta.
Me voy.
Por la noche, con la luna en lo alto, a las diez y media, siempre es a esa hora, antes de entrar a casa levanto la mirada y sonrío. O doy gracias, no lo sé.